LOLA FLORES

 

 

Quizá pueda parecer un sueño decir, a estas alturas, que tuve el honor de trabajar, presentar y gozar al mismo tiempo de los éxitos de la internacional estrella Lola Flores en muchas de las galas que, en los años 70 y 80, se celebraban en nuestra tierra catalana. Trabajé junto a su inseparable representante y amigo, Pepe Vaquero, con el que coincidí en Buenos Aires y Puerto Rico. Nadie podría figurarse lo acontecido-con su bailarín El Junco, pasto de programas como Salsa rosa, Aquí hay tomate y similares. A Lola Flores, eso sí, le gustaba jugar en los casinos y, según la provincia en la que debía actuar, tanto al norte como al sur de Cataluña, forzosamente había que complacerla, ya muy entrada la madrugada, sea en Sant Pere de Ribas o en Lloret de Mar. El genio se había quedado fuera entre aquellas gentes de un público variopinto que había enloquecido con el arte de "La Faraona", todo magia de una estrella única.
Presentar a Lola en los entoldados o en los palacios de deporte de Cataluña suponía un bloqueo de carreteras, en el que era necesaria más de una vez la ayuda de las fuerzas del orden. La artista no se prodigó demasiado en nuestra tierra por el alto coste de su "caché", salvo cuando formaba pareja con Manolo Caracol, que todos los años hacía temporada en el Teatro Poliorama de Las Ramblas de la Ciudad Condal. Todo un rosario de recuerdos, evocación de un tiempo lejano donde el trabajo, los éxitos y las ilusiones llenaban mi espíritu para decir hoy más que nunca que "soñar es volver a vivir".

 


 

Ricardo Ardévol Llorens