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En el complicado mundo del periodismo la objetividad no existe. Es
un hecho contrastado desde el momento en el que los profesionales
nos decantamos por publicar unas noticias y descartar otras. En una
sociedad que se mueve cada vez más deprisa, las noticias saltan de
las portadas al olvido a una gran velocidad. Ante este panorama es
muy fácil que se olvide cual es el principal objetivo de este
trabajo: ser capaces de comunicar, analizar y traducir la realidad
en forma de palabras o de imágenes. Y lo más importante:
proporcionar voz a todas aquellas personas que no disponen de ella.
Todos aquellos que creemos en la función social del periodismo
estamos de luto. Hace pocos días nos dejó Ryszard Kapuscinski
(1932-2007). Sin duda el mejor periodista del siglo XX. Un hombre
que sobrevivió a 27 revoluciones, informó 12 veces desde el frente y
fue condenado a muerte en cuatro ocasiones. Desde África, Asia o
Latinoamérica nunca permaneció impasible ante aquello que estaba
contando. Cuando leí el primer libro firmado por Kapuscinski yo era
un recién licenciado en Historia y, al cerrar la última de sus
páginas, estaba seguro de una cosa: quería ser periodista.
tener la oportunidad de poder narrar aquellos acontecimientos de los
que uno puede sentirse como un espectador privilegiado, no dejar
nunca de sentir curiosidad por lo desconocido y poseer la capacidad
de narrarlo. Mi intención es rendirle un pequeño homenaje desde este
humilde rincón del mundo. Y recordar unas palabras que no se cansó
de repetir hasta el final de sus días: "sólo las buenas personas
pueden ser buenos periodistas". Un ejemplo que siempre he tratado de
seguir. 0 una frase que muchos deberían retener en la memoria, sobre
todo en los tiempos que corren: "toda guerra está siempre vinculada
a la mentira. Los dos bandos siempre mienten y exageran".
Oscar Pericas |